Notas de Raquel Araujo a la puesta en escena de 
Sueño de una noche de verano de William Shakespeare 
para Teatro de la Rendija.


Juegos visuales desarrollan ambigüedad y ocultamiento, imágenes simultáneas que se multiplican y provocan la sensación de un sueño son la entrada de la primera parte de este Sueño de una noche de verano de La Rendija. El uso de telones de plástico semiopaco ha sido parte de este trabajo escénico, así como ropa de desecho y frascos de mermelada vacíos desarrollando la idea de la serie, del producto de deshecho. Como las camisetas maquiladas en masa que pueden venderse tanto en un tianguis de pueblo yucateco como en Manila o Hong Kong, los amantes también parecen una serie intercambiable en el Sueño como parte del juego de Puck: “¡Qué tontos son los mortales!”.  Los aluxes son fuegos fatuos, esas lucecillas que aparecen en los caminos oscuros, cuya explicación puede ser el fósforo o metano que emerge de la putrefacción de seres de la naturaleza regresando a su origen. Fuegos fatuos que encontramos semejantes tanto en la población rural europea como en la americana, hadas, duendes, aluxes, espíritus de la naturaleza que nunca poseyeron alma humana. Así, en nuestro sueño las hadas y espíritus del monte son luces, ignus fatuus, velitas en las manos de criaturas que no alcanzamos a ver del todo. Si la primera parte es un juguete posmoderno, despojamos de todo artificio la segunda parte; si acaso con un guiño de la amazona Hipólita, en esta obra un cyborg de la que expelen los videos, nos recuerde que somos ilusión en el tiempo, un instante de existencia ante la infinitud de la eternidad.

Siguiendo las notas de Peter Brook (2009) cuando recomienda que la verdadera dificultad de montar una obra de Shakespeare está en el presente, en encontrar la manera de ayudar al público a ver y a oír con los ojos y los oídos del presente. A modo de laboratorio, nos dedicamos a pensar y hacer con nuestros cuerpos, voces y objetos una imaginarios sobre esta Atenas del Sueño shakesperiano. Pensamos que un Teseo anciano, el tiempo, vencía a una amazona Hipólita que es la directora de esta obra. Sin un seno mi personaje no podía ser otro que éste, el de una amazona que en lugar de flechas blande una cámara de video que de algún modo regresa al espectador su propia mirada. Así comenzamos la obra, con juegos de simulacro en los cuales Teseo es una imagen de video, una repetición que vuelta diferencia en su manipulación, es alejada, achicada, proyectada en el mismo espacio en el que fue grabada. Enmarcado todo en un embalaje del bosque que nos rodea, el plástico de las botellas de agua, de los alimentos empaquetados. Sobrepoblación de imágenes que señala el artificio, la convención. Pretendemos aprovechar la “decoración hablada” del texto del bardo (Berthold, 1974) proponiendo metáforas como por ejemplo, el bosque en el que se pierden los amantes son kilos y kilos de ropa de desecho. Helena literalmente se trasforma en un perro con arnés cuando persigue a Demetrio: “¿qué peor lugar tendría yo en tu afecto que ser tratada como tú tratas a tu perro?”.

Nuestra visión se acerca más al Bosco que a Mendelssohn, cuando Oberon saca la música de la marcha nupcial de una cajita de música durante el arrullo  y hechizo de Titania. A Jan Kott cuando se imagina la corte de las hadas como un coro de ancianos desdentados.

 

“La tradición teatral ha causado estragos en el caso de El sueño…, conviertiéndola en una obra especialmente insoportable tanto en su versión clasiscista  con los amantes envueltos en unas túnicas y unas escaleras de mármol de fondo como en aquella obra con toques operísticos, con funambulistas vestidos de gasas y tules.  Desde hace tiempo el teatro se ha limitado a convertir El sueño… en una especie de cuento de Grimm; tal vez esta sea la razón de que la nitidez  y la brutalidad de las situaciones  y diálogos hayan quedado completamente desdibujadas cuando se representa”. (Kott, 2007)


Ancestros ligados a la tierra, a los árboles ancianos, a la ceiba rodeada de leyendas, axis mundi maya.  Puck como alux, como kakasbal, lo oscuro que se burla agazapado. Se mofa de la anciana Titania que en la burla más total se enamora de Bottom, representado por el actor que interpreta también a Oberon, su consorte. Puck transita arriba y abajo, criatura elemental manipula a los soberanos feéricos, aprovechando la venganza de Oberon convierte al artesano Bottom en un burro para que Titania se encapriche con él y lo rapte llevándolo a su floresta. No es casual que el tejedor, entre los artesanos, sea el elegido por Puck para el lecho de la Reyna. Hay asociaciones folclóricas mágicas referentes al tejido, el tejido es texto que se hunde en el fondo (Bottom) de los sentidos del actor, Bottom es el actor.  (Bloom, 1998)

Doble burla de Puck, juego de espejos, del arriba y del abajo, encuentro de la oscuridad y de la luz.

Los artesanos en la primera parte son personajes atrapados en micas de aumento que a modo de máscaras resaltan los rostros distorsionados. No los vemos del todo en la corte de las imágenes, tal ves es ese teatro tosco, desterrado de la escena posmoderna que nos hará reír un poco al final de esta comedia. Pues como una cebolla que se va pelando, los telones de plástico y las miles de imágenes se van esfumando para dejar a los actores solos con sus velitas contándonos la crudelísima historia de Píramo y Tisbe.

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