
¡Señor que tontos son estos mortales!
Puck
A unos cuantos días del solsticio de verano, día en que sucede la comedia de Shakespeare: Sueño de una noche de verano, La Rendija realizó su estrenó en la ciudad de Mérida la de Yucatán. La noche de San Juan que se celebra en el solsticio de verano, y es cuando los espíritus sobrenaturales del mundo elemental como son hadas, duendes, elfos, ondinas y fuegos fatuos hacen de las suyas. Es una noche de fiesta que todavía se celebra en muchos países europeos, con grandes fogatas, música, vino y baile.
Sin tener una noción geográfica muy específica, algo propio de la dramaturgia de Shakespeare y del teatro Isabelino, la historia se desarrolla cerca de una hipotética Atenas que exhala olor de campiña inglesa, donde Teseo celebrará sus bodas con Titania la reina de las amazonas. Y allí es donde se arma toda esta tremolina amorosa de encuentros y desencuentros, propios de lo veleidoso del corazón humano, para diversión de los seres elementales que como tales desconocen las reglas morales de los mortales, simplemente porque desconocen el bien y el mal, son amorales, al menos en cuestiones amorosas.
La historia tendrá un fin armonioso y feliz: los mortales con los mortales y los sobrenaturales con los sobrenaturales.
Shakespeare dotó a Titania de muchos de los atributos de la diosa Diana, a Oberón de la fuerza, lo enamorador y conquistador de Zeus. Y así fue como “al crear los personajes de El sueño de una noche de verano, Shakespeare contrajo deudas tanto con la tradición oral como con la mitología clásica. El folclor le proporcionó figuras como Puck, o Robín Buenazo, doméstico diablillo aficionado a las faldas y las travesuras. (…)
A pesar de las reducidas dimensiones, las hadas de El sueño de una noche de verano poseen poderes formidables. Controlan la meteorología y las estaciones, y cuando riñen entre sí la Naturaleza entera se echa a temblar. Shakespeare aprovechó su familiaridad con las supersticiones campesinas para hacer de las hadas personajes de otras obras de teatrales, en las que sin embargo no volvieron a ocupar el papel de protagonistas.” 1
En 1598 Francis Meres en su obra Palladis Tamia: tesoro de ingenio, considera “a Shakespeare como el mejor autor dramático de su tiempo, señala que conoce sus sonetos porque existen copias entre sus amigos y cita los nombres de doce obras, seis comedias y seis tragedias.” 2
Entre las comedias se menciona Sueño de una noche de verano. Un año más tarde, 1599, para pagar gastos de construcción del Globo, se venden cuatro obras de teatro escritas por Shakespeare, entre ellas se encontraba: Sueno de una noche de verano. Supuestamente es la primera vez que aparece el nombre de William Shakespeare como autor de manera oficial.
POLILLA, FLOR DE GUISANTE, SEMILLA DE MOSTAZA…
La concepción de Raquel Araujo para este montaje fue respetando la idea de magia y sueño, construir un mundo povera donde el reciclaje se entremezcla con el lujo de ciertos elementos del vestuario y la sofisticación de la tecnología.
Toda la primera parte que se desarrolla en un espacio cerrado nos transporta al mundo de los cybor y el plástico de diferentes grosores y espesores donde los personajes se envuelven, asfixian, reflejan, seducen, creándonos la textura del sueño, efecto que las gasas realizaban en el teatro del siglo XIX, para el montaje de esta obra.
Con un recato moralino, no propio de Raquel, ésta juega recatadamente a desnudar las pasiones amorosas de los personajes en toda esa animalidad que los hace nadar y bucear en sus fluidos elementales. Demarca desde el principio los territorios, pone fronteras que como espectadores podemos cruzar o no, ya que es una elección personal.
La segunda parte se realiza a cielo abierto. Y así entre árboles, hierbas, veladoras perfumadas y muros de piedra, miramos transcurrir todo lo que es el sueño de esa noche de verano donde, Oberón, se pone bondadoso con el amor por el que sufren los mortales.
Tal vez de las partes más cohesionadas en actuación y voz son las de los artesanos-actores que representarán la tragedia de la joven babilonia Tisbe amada por Píramo, como parte de los festejos por la boda de Hipólita y Teseo.
Desde el principio hasta el final, tristemente muchos de los momentos amorosos entre las dos parejas se pierde, por la falta de dicción de Azul Aguayo y Lourdes Sansores, aunado a la no comprensión del texto: de qué es lo que se dice que se dice y por qué se dice. Eterno problema de nuestros actores cuando se trata de representar del teatro barroco, isabelino o rococó.
Jair Zapata muy bien, cumple con sus papeles, pero sabemos como espectadores, puede estar mejor. La sorpresa es Tomás Gómez, realmente: excelentes su Lisandro y su Flute/Tisbe.
Dejamos para lo último decir algo sobre los veteranos: Eglé Mendiburu que en momentos es una Titania etérea y en otros demasiado inaprensible; Juan Ramón Góngora (dicción maravillosa) y Roberto Franco que encontró realmente el elemento del que está hecho Puck, un ser mágico y telúrico que hace que quien lo acompaña en su travesías que es un ser más de aire y que representa Zizinete Maravé, sea así: volátil.
El trabajo de La Rendija es un bordado visual y plástico que propicia múltiples lecturas, he aquí su entretejido entre isabelino y siglo XXI.
Una vez más el maridaje creativo de Raquel Araujo y Oscar Urrutia nos regala y comparte un espectáculo hermoso e inquietante, contemporáneo y sin tiempo, una historia de amor, celos, rodeado por hadas y genios que nos muestra lo frágil que son los seres humanos. Panorama que no necesitamos ser grandes observadores, para percatarnos de que no ha cambiado desde hace 400 años que William Shakespeare montaba esta comedia.
Fernando Muñoz Castillo
Notas
1.-Beatrice Phillpotts, Editorial Montena, Barcelona, España, 1999, p. 13
2.- Ma. Jesús Rodríguez. William Shakespeare, Edimat Libros, Madrid, España, 2004, p. 56










Fotografías: Oscar Urrutia Lazo